Como se empieza a notar en la sociedad, después de los grandes escándalos que han salpicado el pais de el chocolate o de los relojes. Suiza ya no es un lugar seguro para los evasores fiscales. Si Luis Bárcenas tuviera ahora que poner a buen recaudo su enorme fortuna, debería buscar refugio en Gibraltar o en Mónaco, aunque en estas plazas financieras, que pujan por quedarse con una parte del pastel del país helvético, sólo podría practicar el esquí acuático.
De forma sorprendente, los bancos suizos se han convertido en aliados de la Hacienda española en la tarea de levantar las alfombras para localizar las grandes bolsas de dinero negro que engordaron durante los años del boom.
Fuentes solventes apuntan que el dinero español (incluyendo cuentas y todo tipo de activos financieros) depositado en entidades de Suiza alcanzó en 2012 los 100.000 millones de euros (el 10% del PIB español). En su mayor parte, ese dinero no habría sido declarado a Hacienda. Aunque una gran parte se ha regularizado, la mayoría de esa suma sigue depositada en bancos suizos «por motivos de seguridad», acentuados tras la crisis de Chipre

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